Marrakech concentra más llegadas que cualquier otra ciudad marroquí y es donde empieza el viaje para casi todos los chilenos. No hay vuelo directo, así que prácticamente todos hacen escala en Madrid o São Paulo: veintidós horas largas de puerta a puerta y cuatro o cinco de diferencia horaria, según la época.
Algo juega a favor y pocos lo anticipan: el castellano rinde, y bastante. En el norte marroquí -Tánger, Tetuán, Chauen, Nador- suele ser la segunda lengua por delante del francés, herencia del protectorado español y de Ceuta y Melilla. Nuestros choferes en este sitio lo hablan en todo el país.
Lo que ningún idioma resuelve es la medina, una trama cerrada de callejones donde no entra vehículo alguno, ni el estacionamiento junto a Jemaa el-Fna, que se arregla con un cuidador informal. Cada reserva es privada: el vehículo, el chofer y el día son solo de su grupo, a una tarifa cerrada antes de viajar.
Por qué contratar un chófer aquí
- El castellano se entiende en gran parte del país, sobre todo al norte
- A la medina no entra ningún auto: el chofer para en la puerta y baja las maletas
- Treinta kilómetros de curvas suben hasta los 2.260 metros del Tizi n'Tichka
- Las direcciones de los riads no aparecen en el GPS: el chofer conoce los derbs
- Se llega molido después de veintidós horas de vuelo, sin ánimo de un mesón de arriendo
Incluido en cada reserva
- Combustible, peajes y honorarios del chofer para la ruta acordada
- Recepción en aeropuerto, riad, hotel o estación de tren
- Choferes que hablan castellano, inglés y francés
- Agua fría y carga de celular en el vehículo
- Sillas para niños y espacio extra de equipaje sin costo