Marrakech recibe más llegadas que ninguna otra ciudad marroquí y es donde empieza el viaje para casi todos los argentinos. No hay vuelo directo, así que prácticamente todo el mundo hace escala en Madrid, en San Pablo o en algún hub europeo: veinte horas largas de puerta a puerta, con cuatro o cinco de diferencia horaria según la época del año.
Hay algo que juega a favor y que pocos anticipan: el castellano sirve, y bastante. En el norte marroquí -Tánger, Tetuán, Chauen, Nador- suele ser la segunda lengua por delante del francés, herencia del protectorado español y de Ceuta y Melilla. Nuestros choferes en este sitio lo hablan en todo el país.
Lo que ningún idioma resuelve es la medina, un tejido cerrado de callejones donde no entra vehículo alguno, ni el estacionamiento junto a Jemaa el-Fna, que se arregla con un cuidador informal y no con un parquímetro. Cada reserva es privada: el vehículo, el chofer y el día son de su grupo únicamente.
Por qué contratar un chófer aquí
- El castellano se entiende en buena parte del país, sobre todo al norte
- Ningún auto entra en la medina: el chofer para en la puerta y baja el equipaje
- El paso de Tizi n'Tichka son 30 km de curvas hasta los 2.260 metros
- Las direcciones de los riads no figuran en el GPS: el chofer conoce los derbs
- Se llega agotado tras veinte horas de vuelo, sin ganas de un mostrador de alquiler
Incluido en cada reserva
- Combustible, peajes y honorarios del chofer para la ruta acordada
- Recepción en aeropuerto, riad, hotel o estación de tren
- Choferes que hablan castellano, inglés y francés
- Agua fría y carga de celular en el vehículo
- Butacas para chicos y espacio extra de equipaje sin cargo